Actividad Periodística

VIOLETA, Tan frágil como un segundo
1917-1967
Alfredo Sánchez Gutiérrez

Para olvidarme de ti / voy a cultivar la tierra. / En ella espero encontrar / remedio para mi pena / Aquí plantaré el rosal / de las espinas más gruesas. / Tendré lista la corona /para cuando en mí te mueras.

Este febrero se cumplen cincuenta años de la muerte de Violeta.  Y el próximo octubre, cien de que nació.  Aún tenía cuarenta y nueve aquel día 5 del segundo mes cuando se quitó la vida con un balazo implacable de revolver.  Qué lejos de los ciento dos que lleva en este mundo su hermano, el antipoeta Nicanor, longevo como pocos.  Era pues, una mujer joven, aunque si la juzgáramos por su biografía, pensaríamos que era mucho mayor.  ¡Qué no hizo Violeta Parra en menos de cincuenta años!, artista múltiple a quien se le conoce por sus enormes composiciones musicales pero cuyo talento iba mucho más lejos: hizo pintura, cerámica, bordados, esculturas; viajó por todos los rincones de Chile recopilando miles de cantos, versos, tonadas; antes de los cuarenta ya había ganado algún premio como folclorista y fue directora de un museo;  trabajó en la radio, tuvo tres hijas y un hijo, se casó y se descasó dos veces, se enamoró apasionadamente de Gilbert, grabó para la disquera Le Chant du Monde, recorrió Europa, se instaló en París, expuso sus tapices en el Museo de Louvre, inspiró la Nueva Canción Chilena.

¡Yo no sé por qué mi Dios / le regala con largueza / sombrero con tanta cinta / a quien no tiene cabeza!

Es difícil elegir canciones de su repertorio: hay tantas y tan buenas.  Un vistazo a alguna de las páginas  disponibles con su cancionero, intimida por su extensión, tanto de temas propios como de los muchos que recopiló: cuecas, zambas, décimas, tonadas.  Pero vale la pena el esfuerzo de arrimarse a todas esas maravillas.  Sus composiciones abrevan  de la raíz musical folclórica que tan bien investigó y asimiló, pero tienen sin duda un sello personal que se expresa sobre todo a través de las letras.  En sus canciones hay amor y desamor, por supuesto, pero también gritos, maldiciones, humor, guiños, indignación y dolor, todo expresado de manera honda y poética, cosa infrecuente en la canción popular.  No era una cantante muy refinada pero sí apasionada, a veces hasta salvaje y en muchas ocasiones arriesgada, hasta experimental, como en aquella impresionante canción llamada El Gavilán.  O jocosa como en la esdrújula Mazúrquica modérnica.

Me han preguntádico varias persónicas / si peligrósicas para las másicas / son las canciónicas agitadóricas: / ¡ay, qué pregúntica más infantílica! / Solo un piñúflico la formulárica, / pa’ mis adéntricos yo comentárica.

A Violeta, izquierdista declarada, comunista confesa, no le tocaron algunas tragedias que la habrían lastimado, como el golpe militar en Chile, pero sí las cotidianas que sufría la gente, muchas veces a manos de los poderosos, dueños del dinero o de la religión.  A estos últimos les dedicó varios sonoros versos:

Miren cómo nos hablan del paraíso / cuando nos llueven penas como granizo. / Miren el entusiasmo con la sentencia / sabiendo que mataban a la inocencia. / ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, / que le están degollando a sus palomas?

Por supuesto que algo genético habría en los Parra, tan llenos de talentos artísticos que no se terminan con la generación de Violeta y sus muchos hermanos -Hilda, Lalo, Lautaro, Nicanor, Roberto, Óscar- sino que han continuado con sus propios hijos: Ángel e Isabel, músicos ambos que padecieron el exilio de la época pinochetista;  y sus nietos:  otro Ángel, miembro éste del grupo Los Tres,  y Javiera y Tita, quienes desarrollan sus propias carreras solistas; su sobrina, también cantautora, Colombina Parra y otra sobrina, Catalina, quien es artista visual.
Así sucede a veces, aunque no con mucha frecuencia, me temo, en las familias.  Si quisiera pensar en otra, me remitiría sin duda a los mexicanos Revueltas, tan llenos de explosivos talentos artísticos como los Parra: José, Silvestre, Rosaura, Fermín y algunos de sus descendientes.

¿Qué he sacado con la luna que los dos miramos juntos? / ¿Qué he sacado con los nombres estampados en el muro?
Como cambia el calendario, cambia todo en este mundo.

El caso es que Violeta, frágil de salud como fue en su infancia, iracunda e intratable en su madurez, según narran algunos, vivió con intensidad sus pocos años y lo hizo comprometida con su arte y con sus causas:  miró de cerca la injusticia, la miseria, el hambre y se rebeló contra todo ello.  No se resignó a una vida doméstica, de ama de casa convencional,  sino que salió a conocer mundo aunque ello le valiera reproches, rupturas, alejamientos, dolor.   Su propia hija Rosa Clara murió muy pequeña cuando ella estaba lejos y esa fue una pena imposible de aliviar.  Ella quería que su mundo fuera ancho, y aunque conoció a detalle la geografía de su país, también quiso mirar más allá.  Tuvo reconocimientos, sí, pero también sufrió incomprensión en su propia tierra.  Murió por mano propia en su carpa de la Comuna de la Reina, donde se había empeñado en construir un centro de cultura folclórica que fue desdeñado por sus compatriotas.  Ese y otros factores contribuyeron, seguramente,  a su decisión final:  dar por terminada así una vida a la que apenas un año antes acababa de dar gracias emocionadas.  Esa era Violeta: contradictoria, impredecible, agradecida y meledicente:

Gracias a la vida que me ha dado tanto. / Me dio el corazón que agita su marco / cuando miro el fruto del cerebro humano, / cuando miro el bueno tan lejos del malo, / cuando miro el fondo de tus ojos claros.
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Maldigo la primavera / con sus jardines en flor, / y del otoño el color / yo lo maldigo de veras. / A la nube pasajera / la maldigo tanto y tanto, / porque me asiste un quebranto. / Maldigo el invierno entero / con el verano embustero. / Maldigo profano y santo / ¡Cuánto será mi dolor!

La actriz Francisca Gavilán encarna de modo impresionante a la artista en la película de Andrés Wood  “Violeta de fue a los cielos”, de 2001.  Una buena forma de iniciarse en el conocimiento de Violeta es a través de esa cinta, basada en el libro del mismo nombre escrito por Ángel, su hijo,  que la muestra como seguramente fue: irónica, irascible, apasionada, inconforme. Artista y ser humano a quien, con todas sus virtudes y defectos, con todas sus contradicciones  hoy, a cincuenta años de su muerte y cien de su nacimiento, habremos de celebrar, escuchándola.