Actividad Periodística

Pelos y Señales 223
6 de Febrero 2017
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Por  Alfredo Sánchez

BILL FRISELL EN GUADALAJARA

Hablo por teléfono con el magnífico guitarrista Bill Frisell en la mañana de un día infausto: 20 de enero. A esa hora precisa, 11:20, está asumiendo la presidencia Donald Trump.  Bill está realmente preocupado, como lo están todos los norteamericanos a quienes él conoce.  Y como lo estamos muchos otros ciudadanos del mundo en estos días.  No sabe qué decir al respecto pero está genuinamente asustado y su único refugio real ante el horror es la música.  Me dice que en ese contexto le da mucho gusto venir precisamente a México a demostrar que la música está más allá de lo que un tipo como ese personaje-presidente pueda pensar y decir. 


La primera vez que Frisell estuvo en la ciudad-y en el país- fue en 2005 cuando actuó en el Teatro Diana.  La de hoy será apenas su segunda vez en México, cosa inverosímil tratándose de un músico de su talla que suele viajar continuamente por varios continentes.  Han sido de nuevo los buenos oficios de Sara Valenzuela los que lo traen de nuevo, ahora al escenario del Teatro Degollado donde actuará esta noche de lunes.  De aquí viajará a Ecuador y Argentina para continuar una gira que se prolongará por muchos meses: Europa, Japón, Australia y, claro, Estados Unidos.  Viaja con otros dos músicos con quienes ha trabajado extensamente durante cerca de veinte años: el bajista Tony Sherr y el baterista Kenny Wollesen, ambos miembros del grupo Sex Mob.  Todo se puede esperar de este trío que se sube al escenario sin planes preconcebidos.  El repertorio depende de muchos factores: el clima, el humor,  lo que hayan comido y podría incluir música de algunos de sus muchos discos -incluso el más reciente- o piezas nuevas.   Es en realidad una conversación espontánea entre tres músicos que se conocen muy bien.  ¿Es Jazz? Sí, pero también muchas otras cosas pues Frisell no cabe en clasificaciones fáciles.  Quienes vayan con una idea premeditada podrían salir un poco decepcionados, pero quienes simplemente se dejen llevar, gozarán cada nota del concierto.  Es música flexible con mucha improvisación y visitas a géneros diversos.  Hay ingredientes de rock, de tango, de country y otras formas de la llamada “americana music” y, claro,  mucha improvisación.  Y esa forma que tiene Bill de hacer sonar la guitarra, tan elegante como sorprendente.


Bill es tímido, de muy pocas palabras y largo espacios entre cada una, pero su lenguaje como compositor e intérprete es rico y sorprendente.  A veces toca solo, en ocasiones con grupos grandes, en dueto, en trío.  Su producción discográfica propia es impresionante (unos 38 discos) pero más aún el número abrumador de sus colaboraciones con otros artistas.  “Es tocando con otros como realmente aprendo”, me dice.  “He sido muy afortunado de poder tocar con tantísimos músicos a lo largo de mi vida, esa ha sido mi escuela”.  Su disco más reciente (When you Wish Upon a Star) es una nueva colección de sorpresas: temas de películas y series de  televisión (desde El Padrino hasta Bonanza, pasando por Psicosis y otros puntos intermedios) con arreglos a veces extraños, en ocasiones divertidos pero siempre respetuosos.   Es una especie de homenaje a músicas y músicos que han sido importantes en su vida y que, según Bill Frisell, aún tienen mucho que ofrecer a los auditorios de hoy. 


Si han tenido que pasar más de 10 años para que Frisell vuelva a la ciudad, mi sugerencia es que no se lo pierdan hoy.