Actividad Periodística

Pelos y Señales 117
17 de octubre de 2016
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Por  Alfredo Sánchez
DYLAN, CAPRICHOSO, ENIGMÁTICO

Se discutió mucho en estos días sobre los merecimientos de Bob Dylan para recibir el premio Nobel de Literatura. Abundaron los aplausos y los elogios pero también los ceños fruncidos: que si no es “escritor”, que si nombrarlo a él dejó fuera a otros que lo merecían más -como siempre sucede-, que si esto es una muestra indudable de la decadencia del Nobel, etc.
No me siento en condiciones de argumentar a favor -como sí lo han hecho, por cierto, algunos destacados escritores importantes a quienes los argumentos en contra los han tenido sin cuidado- pero sí de manifestar mi gusto y mi regocijo, como lo hice hace unos ocho años cuando le fue concedido el Príncipe de Asturias:  creo que es de nuevo el reconocimiento de que ciertas expresiones de la cultura popular tienen un valor innegable y de que el rock y algunos de sus creadores, letristas en particular, están más allá de toda sospecha.

Ahora bien, Dylan ha sido siempre un tipo controvertido que aparentemente disfruta siendo enigmático e impredecible,  y esa personalidad en buena medida ha ocasionado las ásperas discusiones de estos días.  Es alguien que con cierta facilidad decepciona a sus seguidores y que tiene caprichos extraños: grabar un disco con canciones de Frank Sinatra, dejar de tocar la guitarra en sus conciertos para ponerse detrás del piano, hacer un comercial patriotero de TV para la Chrysler, no dirigir la palabra ni una vez a la audiencia en sus actuaciones, emprender una gira  que ya lleva 28 años sin detenerse, gozar de una fascinación peculiar por los autos y las motocicletas.   He escuchado una versión no confirmada de que en una visita a Guadalajara se obsesionó por un vestido de novia en la tienda El Farolito, que lo compró y se lo llevó a EU.  También me han contado que tratar con él en asuntos de trabajo puede ser una verdadera pesadilla. 
Y hay hasta otras extravagancias no imputables a él, como el caso de la película de Todd Haynes “I´m not there” donde la personificación del joven Dylan estuvo a cargo  ¡de la actriz Cate Blanchett!. 

De su historia personal recordemos que cambió la guitarra acústica por la eléctrica y fue repudiado por los puristas del folk; que se ha movido entre diferentes convicciones religiosas o en ninguna; que cambia caprichosamente la melodía de sus canciones hasta hacerlas irreconocibles; que ha actuado en películas sin ser actor, que ha esculpido sin ser escultor, que pinta sin ser pintor.  Incluso que canta sin ser propiamente un cantante. 


En fin, que se trata de un personaje impredecible y ciertamente contradictorio que hoy suma a la cadena de extravagancias de su vida la de ser el primer compositor de canciones que gana el más prestigiado premio de literatura del planeta. Yo soy de los que aplauden la decisión.