Actividad Periodística

Pelos y Señales 13
15 de Septiembre 2014
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Por. Alfredo Sánchez
ORQUESTAS EN CRISIS

Las orquestas sinfónicas son instituciones que desde hace rato están en crisis en todo el mundo. A pesar de que podemos considerar a la institución orquestal como cumbre de la cultura musical occidental son muchas las que han cerrado, aún con sus historias largas y trascendentes. Cuestan mucho, no hay suficientes patrocinadores para ellas, los ingresos por taquilla no bastan para su sostenimiento. En México ha sido tradición que las orquestas dependan de los gobiernos estatales o de universidades públicas. En ambos casos los recursos para mantenerlas escasean y no es raro que se vean en dificultades para sobrevivir.

A esa dificultad hay que añadir otras, relacionadas con el aspecto artístico -la elaboración de programas equilibrados e interesantes, la elección de solistas nacionales o internacionales, la invitación a directores huéspedes-, o con la administración; a veces, hasta con la política. Por ejemplo, las estructuras burocráticas de las que dependen las orquestas no siempre facilitan las cosas, más bien al revés.

Recientemente nos enteramos de la renuncia de Juan Trigos como director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, ocasionada por conflictos con el rector de esa universidad. Juan Trigos es un músico reconocido nacional e internacionalmente, ha dirigido orquestas en diversas partes del mundo, es un notable compositor de música contemporánea y había estado al frente de la OSUG durante cerca de 3 años. En su carta de renuncia, entregada a la prensa de su estado, se refiere a una indeseable ingerencia del rector en decisiones artísticas y administrativas de la propia orquesta. A decir de Trigos, el rector José Manuel Cabrera Sixto le exigía que ofreciera más de los 12 conciertos por año que toca la orquesta; también pretendía determinar el número de horas que deberían durar los ensayos; y exigía que el control administrativo de la orquesta pasara a Extensión Cultural. Juan Trigos consideró que esas peticiones eran inaceptables y que se sumaban a muchos desacuerdos previos que existían con la rectoría. "Yo sólo quiero que me dejen trabajar", solicitaba el director. Uno pensaría que cuando se contrata a un director de orquesta se le tiene la confianza suficiente para que haga lo que sabe hacer. ¿Por qué la máxima autoridad de una institución, como es el caso del rector de una universidad, debe intervenir al interior de una agrupación artística? Eso sí, lo que queda claro en este caso es que la OSUG ha perdido a un elemento importante: uno de los mejores directores de orquesta del país dejará un hueco muy difícil de llenar.