Nosotros somos los marranos
La paradójica historia de El Personal

19 mayo, 2016

Hugo García Michel

 

Si hay un grupo de culto en la ciudad de Guadalajara y en buena parte del país es El Personal. Su historia está llena de decires y contradicciones, de rumores y leyendas, de mitos que son verdades y de realidades que son mentiras. Para conocer de manera directa el trayecto de los creadores de “No me hallo”, “La tapatía” y otras canciones llenas de alegre ironía y filosísimo sentido del humor, hace cerca de quince años me trasladé hasta la llamada Perla de Occidente, capital mundial de la birria y las tortas ahogadas, para entrevistar por separado a dos sobrevivientes de esta agrupación: Andrés Haro y Alfredo Sánchez. He aquí este revelador reportaje, a manera de rescate hemerográfico.

 

Un perfecto galimatías
“El Personal surgió como una derivación de una revista que hacíamos por allá de 1982 o 1983, llamada Galimatías”, cuenta Andrés Haro, quien por cierto no guarda parentesco alguno con el líder histórico del grupo, el fallecido Julio Haro. Y continúa: “La revista era de un humor guarro y tuvo un éxito total. Publicábamos mil ejemplares, ochocientos que se vendían en la librería Gandhi del DF y aquí en Guadalajara nos arrebataban los otros doscientos. Era un proyecto independiente, autofinanciado, en el cual participaban moneros y escritores. En ese tiempo yo era el bajista del primer grupo de Gerardo Enciso. Por su parte, Julio Haro cantaba canciones de la trova cubana pero con la letra cambiada, cosas así como: ‘Muchas veces te dije que antes de hacerlo había que lavártelo bien’ y le dije un día: ‘Oye, tú cantas y aparte eres chistoretón, ¿por qué no nos juntamos para hacer algo’. Me dijo que sí, nos empezamos a juntar y salieron cuatro hijitos maravillosos: ‘Dale de comer al conejito’, ‘El último camión’, ‘Broche de oro’ y ‘Centerfold Blues’. Las cuatro canciones las hicimos en una grabadora multitrack, porque ni siquiera había grupo. Yo tocaba la guitarra y el bajo, programaba las maquinitas y Julio hacía las letras y cantaba. La grabación llegó a manos de un ‘productor’: el Mongo. En ese momento él estaba programando grupos en un antro del DF que se llamaba El Nueve y nos invitó a tocar ahí. Le dijimos que no teníamos grupo y él dijo: ‘Pues ármenlo’ y yo: ‘Pues qué güeva’. Nos comentó que debutaríamos con La Maldita Vecindad que en ese momento iba a hacer su primer demo y al que nadie conocía tampoco. Le dije al Mongo que nos diera tres meses para hacer más rolas y así lo hicimos. Compusimos otras cinco y arreglamos un cover de Rockdrigo, quien acababa de morir. Te estoy hablando de noviembre de 1985. Hicimos ‘Metro Balderas’ pero en una versión reggae y nos fuimos a México y debutamos en El Nueve. La gente se volvió loca, le fascinó el grupo y de ahí nos regresamos a Guadalajara y le seguimos. Aquello empezó solito a crecer y crecer y llegó un momento en que le dije a Julio que necesitábamos músicos de a de veras e invitamos entonces a un baterista muy bueno que se llamaba Pedro Fernández y a un tecladista, Alfredo Sánchez, que ya desde entonces era una institución. Entonces se consolidó la banda y era la locura generalizada”.

 

“Qué horrible”
Por su parte, el mencionado Alfredo Sánchez narra: “Fui invitado a El Personal para una presentación importante para la cual el entonces joven grupo necesitaba refuerzos. Ensayé con ellos, toqué una vez y ya no me salí. No es que fueran precisamente buenos (de hecho, la primera vez que los oí pensé: ‘qué horrible’), pero eran divertidos y hacían cosas diferentes. Cuando los conocí eran mayores sus limitaciones técnicas que sus virtudes instrumentales. Tenían todos, eso sí, un enorme gusto por músicas muy variadas y en ese momento estaban particularmente cerca de un género –el reggae– que habían asumido un poco como bandera en una época en que no estaba de moda. Pero entre sus influencias se podían percibir también ecos de arrabal, sonidos guapachosos, reminiscencias de grupos desmadrosos como los Xochimilcas o Botellita de Jerez. Además había en ellos ingredientes inconseguibles en las agrupaciones de rock: frescura, desparpajo, originalidad, nada de solemnidad pero, al mismo tiempo, seriedad en el trabajo. De hecho, no se podría pensar en El Personal como en un grupo de rock aunque algunos de sus integrantes tuvieran la secreta ambición de llegar a ser pop-stars”.

Sánchez describe a sus entonces flamantes compañeros: “El grupo contaba con Andrés Haro –‘el Boy’- en el bajo, Óscar Ortíz en la guitarra y Alejandro López Portillo –quien sería suplido más adelante por Pedro Fernández– en la batería. Y sobre todo tenían como cantante a un músico intuitivo que conocía de pe a pa a Tin Tán, Chelo Silva y Bob Marley, que escribía textos filosos e irreverentes, que había hecho incursiones en la pintura, el teatro y la radio y que, en mi opinión, contribuyó a que el grupo pintara su raya en relación a las agrupaciones roqueras convencionales. Un personaje único, pues: Julio Haro”.
Respecto a cómo surgió el nombre de la agrupación, Andrés Haro asegura que “lo de El Personal se lo puse yo, porque éramos una bola de amigos y llegábamos a las fiestas y nos decían: ‘¡Ya llegó el personal, una bolotota de gente!’”. Y prosigue: “Tuvimos muchísimo éxito. Se hicieron canciones como ‘Nosotros somos los marranos’ que fue como nuestro himno y ‘No me hallo’ que dio nombre al primer disco. Entonces surgieron las ofertas para grabar, entre ellas la de Pentagrama, pero Julio optó por hacer el disco con una amiga que tenía un bar en Puerto Vallarta. Estoy hablando de 1987. Editamos mil copias en acetato. La disquera Caracol existió para ese disco y desapareció”.

 

Los días contados
“Cuando iniciamos El Personal, sabíamos que Julio tenía los días contados”, comenta Andrés Haro. “Su chavo, José Manuel, acababa de morir, aunque en ese momento nadie sabía que había sido por el sida. Pero resulta que en 1989 Pedro, el baterista, se puso muy mal. Era también seropositivo y de repente decidió que ya estaba jodido y empezó una onda de autodestrucción muy pesada. Lo hospitalizaron en septiembre y un mes y medio después se murió. Ahorita lo cuento tranquilo porque ya pasaron muchos años, pero en ese momento no nos la acabábamos. De hecho, en los últimos conciertos que dio El Personal tocamos con una maquinita de ritmos, porque Pedro estaba hospitalizado Y aun cuando empezamos a calar a otros bateristas, estábamos completamente destrozados y en ese momento Julio se empezó a poner también muy mal, se empezó a ir para abajo, hasta que se murió de sida”.

Para Alfredo Sánchez, sin embargo, el final del grupo se dio antes de las muertes de Fernández y Haro: “El Personal, el primer Personal –para muchos, yo entre ellos, el único Personal– tuvo una vida corta, conflictiva y con matices trágicos. Dicen algunos que ese es el signo de los buenos grupos. Cuando se pensó en grabar el primer disco surgieron también los primeros desacuerdos –no musicales, por cierto, sino administrativos, organizativos, qué sé yo– que desembocaron en una primera desbandada que, por fortuna, duró poco. Sin embargo el germen del conflicto ya estaba instalado y poco a poco las discusiones se volvieron interminables y los desacuerdos irreconciliables. Había ocasiones en las cuales se invertía mucho más tiempo en tratar inútilmente de ventilar las diferencias que en ensayar nuevas canciones. Para colmo, la dueña de la disquera Caracol, que se había estrenado con aquel legendario disco, desapareció misteriosamente cuando se planeaba una nueva producción. Vino después la enfermedad y posterior muerte del baterista Pedro Fernández. Ya no hubo modo de seguir. Para mí, la historia termina cuando, ya con El Personal desintegrado, Julio y yo intentamos un nuevo grupo –dueto–; Los Lagartos nos llamaríamos. Comenzamos a planear cosas pero al poco tiempo Julio enfermó y ya no se recuperó”.

 

La importancia de llamarse Julio Haro
¿Qué significaba Julio Haro dentro de El Personal? ¿Era la figura más importante? ¿Acabó el grupo luego de su triste fallecimiento? Alfredo Sánchez piensa que sí: “ No creo exagerar al decir que Julio era El Personal. No minimizo las aportaciones de los demás, todos contribuíamos en la medida de nuestras posibilidades y limitaciones; sin embargo el grupo podría haber prescindido de cualquiera menos de Julio. De hecho esa es la razón por la cual los intentos de reagrupación, posteriores a la muerte de Julio, fracasaron. Se podía intentar de todo: reclutar a músicos más capaces, seguir componiendo en una línea desmadrosa e irreverente, tener al frente a un cantante con mayor capacidad vocal, pero lo principal era imposible de recuperarse. Y eso tenía nombre y apellido”.
Por su parte, Andrés Haro quiso continuar con el proyecto, se asoció con Modesto López de Discos Pentagrama y grabó tres discos más, aparte de la reedición del No me hallo, el cual también fue publicado en España por la disquera independiente Pulques y permitió al grupo, con una nueva formación que sólo incluía a Andrés como integrante original, presentarse en la Madre Patria. Por cierto que uno de los nuevos miembros, el vocalista Lalo Parra, también era seropositivo y moriría de sida.

 

Las letras de El Personal
Si algo distinguió a El Personal fue la inteligencia y la gracia de sus letras. Dice Alfredo Sánchez: “Como letrista, Julio era ingenioso y ocurrente, sabía rimar y escribir décimas. Tenía una cultura musical amplia, herencia de sus años en el norte –había nacido en San Luis Río Colorado, Sonora, de donde su familia se trasladó a Guadalajara– y un sentido innato para mezclar buenas ideas musicales y letrísticas. Sus canciones podían lo mismo desternillar de risa al público que asistía a los conciertos en la Peña Cuica-Calli (prácticamente el único lugar donde se presentaba el grupo) que provocar la indignación de las buenas conciencias tapatías. Había en sus letras divertidas referencias sexuales, descripciones de la gastronomía regional, sarcásticas ‘reflexiones existenciales’, ingenuas declaraciones de amor con jiribilla”.

¿Qué es lo que queda de la leyenda de El Personal? ¿Sigue siendo un grupo trascendente a casi 30 años de la aparición de No me hallo, sin duda uno de los discos fundamentales en la historia del rock en México? Habla Andrés Haro: “El No me hallo se sigue vendiendo. Trae ‘Niño déjese ahí’ que es nuestra contribución a la terapéutica Gestal. Esa letra salió en el libro Los cien más cachondos rocanroles de las lenguas españolas de Federico Arana. Hemos salido en 25 recopilaciones, estamos en la enciclopedia temática de Jalisco, etcétera, etcétera. Para haber sido una burla, un atentado a los valores musicales, pues no estuvo tan mal. Me da mucho gusto que se sigan vendiendo los discos a pesar de que la banda ya no existe”.

 

Por su lado, Alfredo Sánchez concluye: “Siempre he pensado en lo paradójico de que un grupo tan divertido y antisolemne como El Personal estuviera marcado de manera tan brutal por la tragedia. Sin embargo, siempre que recuerdo toda aquella locura, no puedo evitar sonreír, como seguramente sonríen quienes vuelven a escuchar las canciones de Julio Haro”.



NOTA DE CHAVA ROCK EN
LA JORNADA EN INTERNET

ALFREDO SÁNCHEZ: EL PERSONAL YA FUE.

16 de Julio 2013


Alfredo es un músico destacado, radica en Guadalajara, es miembro fundador de la banda El Personal, hace dos años se reunió este grupo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), como parte de la celebración por los 25 años de la banda, incluso el festejo se extendió hasta la Ciudad de México, cuando vino al Vive Latino.

Alfredo recién editó su disco solista, Soñé que Dormía, en el que participaron una gran cantidad de músicos, ahora ya no le ve sentido a que continúe el grupo, pues considera que la reunión con sus ex compañeros fue para conmemorar “algo que sucedió hace muchos años, yo no estoy muy interesado en continuar con ese proyecto que tuvo su momento hace años y que ahora ya es otra cosa. Para mí la esencia de El Personal fue El Personal original, de hecho, las canciones que siguen y han sobrevivido son las que se grabaron en el primer disco. Si bien participe en la conmemoración en que volvimos a reunirnos para tocar, fue eso, una conmemoración de un proyecto en el que estuve. Ahora, el material nuevo que están haciendo con el nombre de El Personal, desde mi punto de vista, no refleja mucho esa esencia. No estoy peleado con ellos, pero prefiero hacer otras cosas, ya no seguir removiendo una cosa que sucedió hace mucho y para mí forma parte de un pasado muy feliz, muy chingón, muy creativo, un chispazo insólito en la historia de la música mexicana, para mí eso fue El Personal. Para mí fue”.

Ahora Alfredo grabó 15 temas, “el disco suena mucho a rock clásico de los años 70, tiene muchos ingredientes de folk, porque es algo que me interesa mucho, suena a una palabra que me choca un poco, vintage, es un disco con muchas guitarras, con muchos órganos hammond, pianos… muy orgánico”, sintetizó el músico el contenido del álbum. Agregó que lo que más le interesa es cantar sus “canciones, mis rolas que siempre he compuesto, que no siempre he tenido la oportunidad de desarrollar en un proyecto propio por estar trabajando con otras gentes”.

Es un disco placentero, en él participaron cinco bateristas diferentes, el de Cuca, Troker, El Personal, Luciano Sánchez (su hijo) y Trino González, de su banda. Parte de los músicos que lo acompañan son de lo más representativo que hay en el rock mexicano: José Fors, Ugo Rodríguez, Sara Valenzuela, Arturo Ybarra, Álex Otaola, entre otros. “A pesar de que tiene muchos músicos, tiene una unidad sonora, que la dan sobre todo las canciones mismas, son canciones intimistas que hablan de experiencias personales mías. Es un disco hecho con mucho cariño”, afirmó el músico, que espera que alguna puerta se abra en la Ciudad de México para presentar su obra.

 

 

ENTREVISTA PARA LA REVISTA “LA MANZANA”

REALIZADA POR KARLA SANDOMINGO

Cuál fue el momento en el que decidiste o supiste que éste sería tu camino.

No estoy seguro.  Podría ser cuando una canción mía ganó un concurso nacional (1981, Primer Festival de Canto Nuevo del Canal 13 de tv). Pero si te soy absolutamente sincero nunca he estado seguro de que éste sea mi camino.   Por lo menos no el único.

¿Acaso puede uno realmente saber cuál es su camino?  Si lo sabes dímelo.

 

Cuál es el detonante en el acto creativo, ya sea con guitarra o con pluma en mano.

Pueden ser varios y siempre cambiantes:  una imagen, un sentimiento, una frase que uno intuye que se puede convertir en canción, un rasgueo de guitarra, una secuencia de acordes…


¿Qué parte de tu proceso creativo es doloroso y cuál gozoso?

En mi caso todas las partes tienen algo de dolor y algo de gozo.  Dolor, cuando no puedes cerrar una idea  en la letra, por ejemplo; gozo, cuando encuentras una solución armónica o melódica.  Dolor, cuando tienes que abandonar una canción a medias porque no la pudiste resolver; gozo, cuando terminas una canción y crees que quedó bien.
Dolor, cuando dices cosas que te lastimas o que te han lastimado; gozo, cuando dices cosas que te alivian.


Dónde están las dudas, dónde las respuestas.

Las dudas siempre están en la mente y las respuestas en la acción.  Soy alguien que tiende a racionalizar demasiado y, por lo tanto, a dudar demasiado.  Pero en cuanto me pongo a trabajar van apareciendo las respuestas.  Ahora, la duda es buena, es un estímulo para el intelecto, es algo que nos reta, pero no hay que dejar que nos deje inmóviles.  Acabo de oir una canción de Jorge Drexler que se llama ¨Hermana Duda¨, donde  dice algo así como:  qué bueno que siempre me acompañas, pero hoy , nada más hoy, dame una tregua¨.
En todo caso la duda principal siempre es: ¿de verdad ésto que estoy diciendo le importa a alguien más que no sea yo?


Para componer, ¿qué otras ramas del arte te alimentan?

De manera directa, otras músicas, pero indirectamente la poesía, el cine, la pintura.


De qué te vales para saber si una canción que acabas de componer merece ser escuchada.

Supongo que de la intuición, aunque a veces la intuición puede fallar.  Hay canciones que creí que valían la pena y luego las he desechado y otras que no me convencían del todo y luego las he rescatado.  Pero todo es un asunto de intuición.


Creo que hay una diferencia en la forma en la que uno se asoma al mundo; puede ser más racional o emocional, o incluso sensual. ¿Cómo lo refleja tu música?.

En mi caso es una mescolanza de cosas.  Como te decía, tiendo a ser muy racional y a veces –supongo que para mal- eso se refleja en mis canciones.  Pero eso no quiere decir que no sea emocional cuando escribo.  Me percibo como en una lucha constante entre el intelecto y la emoción, entre la cabeza y el corazón.  Siendo autocrítico te diría que a veces me falta más espontaneidad.


Tu forma de componer tiende a romper estructuras formales en la música o intenta expresar una emoción en el soporte musical que lo pida.

Es lo mismo de antes:  una combinación de las dos cosas.  Eso de ¨romper estructuras formales¨suena muy pretensioso, pero uno siempre trata de decir las cosas de una manera diferente o interesante, de un modo que no haya sido dicha antes exactamente así., y que la forma responda también a la emoción que se desea transmitir.  Cuando se logra ese balance, es un triunfo.


¿Qué es más importante para ti, la letra o la música?, ¿qué acompaña a quién? ¿Dialogan la una con la otra o son una misma cosa?

Mentiría si dijera que las dos cosas.  Para mí la música siempre ha estado primero, aunque hay canciones que han surgido de la letra.  Pero evidentemente la mejor canción es la que consigue un equilibrio o, como dices, un diálogo entre ambas partes.


¿Hay alguna canción a la que le tengas más apego?, ¿hay alguna por la que la gente tenga predilección?, ¿alguna que quisieras desaparecer de tu trayectoria?

Hay una muy vieja que le dediqué a mi padre: ¨Si nos volvemos a encontrar¨, y una más reciente que se llama ¨La Batalla¨ porque resume muchas cosas tanto en lo musical como en la letra:  habla de la lucha cotidiana por sacar las cosas adelante, habla de perseguir una relación amorosa, habla de la dificultad para conciliar diferentes partes de mi vida.  Es una canción medio beatleana y suele gustarle a la gente también.  En cuanto a alguna que quisiera desaparecer, no se me ocurre realmente ninguna.  En todo caso la candidata ya desapareció y quedó en el olvido.


Cuéntame la historia, o de la música o de la letra, de una canción.

Se me ocurre contarte de la ¨Cumbia Coja¨.  No recuerdo que llegó primero, si la idea musical o la letra, pero creo que lo primero fue pensar en que quería componer una cumbia que no sonara tan estereotipada y se me ocurrió quitarle un tiempo al compás:  en lugar de hacer dos compases seguidos de 4 tiempos, el segundo lo hice de 3 y entonces quedó como un sólo compás de 7/4.  Por eso de lo ¨coja¨, porque le falta un tiempo y la sensación que produce es, justamente, de un caminar incompleto.  La letra empecé a escribirla pensando en un amigo que siempe tiene una opinión contundente en relación a cualquier cosa, siempre parece estar pontificando.  Pero eso me llevó a pensar en un personaje de la iglesia, cuya función es, precisamente, pontificar sobre cualquier cosa:  el Cardenal.  La canción se refiere a él y todos aquellos que quieren imponer sus ideas sobre el bien y el  mal.


Qué significa para ti trabajar sólo en la composición y luego trabajar en grupo cuando tocas con otros?

Tanto en lo musical como en la vida diaria soy bastante solitario.  Me gusta componer en soledad y me cuesta mucho trabajar en grupo.  Ahora mismo estoy tocando sólo, no porque crea que lo hago mejor así, sino porque siento que tengo más control de las cosas.  Psicológicamente es, seguramente, un síntoma de inseguridad.


Independientemente de que toques guitarra, ¿cuál instrumento te gusta más?

Aunque he tocado teclados en diferentes proyectos, disfruto mucho más tocar la guitarra.  Quizás porque fue el primer instrumento que aprendí o quizás porque es un instrumento muy noble:  te permite cantar mientras lo tocas, lo puedes llevar contigo a donde sea, puedes tocar melodías o armonías (¡o las dos cosas!), lo puedes percutir, en fin.  También últimamente disfruto mucho tocar y componer en un instrumento de origen griego que se llama Bouzouki.


Si la melancolía que se refleja en tu música y en tus letras fuera una parte de tu cuerpo, cuál sería.

La sangre.


¿Qué harías si no fueras músico, qué lograría que sobrevivieras sin la música?

Yo creo que escribiría.  No sé si sólo sobre música o sobre otras cosas.  Me gusta la crónica, me gusta el periodismo (a lo que también me he dedicado, por cierto).

Pero quizás también podría ser jardinero.


Cómo podrías trazar la frontera entre el que compositor y el que toca montado en un escenario para sí mismo y para los otros.

Son cosas diferentes pero que se complementan.  Encerrarse en el estudio y componer o tocar para uno mismo es un gran placer egoísta.  Subirse al escenario es más generoso pero contiene más riesgos.  La frontera está entre la generosidad y el egoísmo pero también entre la introspección y el alarde, entre la reflexión y la puesta en común.

 

Quién eres arriba del escenario que no eres abajo.

Creo que soy el mismo.  En todo caso la pregunta podría ser:  ¿quién soy en la música que no soy en otras actividades?  Aunque tampoco tengo una respuesta para eso, ja ja.

Tomando en cuenta que tienes dos instrumentos cuando estás comunicando algo de ti en el escenario, ¿qué parte de ti es lo que más te define, la guitarra o la voz?

En general creo que la guitarra, pero la voz es sin duda importante.  No soy un gran cantante, pero lucho todos los días por tener una voz propia, honesta.


¿Cómo te vinculas con el público?.

No pienso mucho en ello, trato de que el vínculo sea natural.  No cuento chistes, no tengo un rollo prefabricado para presentar mi música, trato de que las canciones hagan su parte con el público.


¿Qué esperas de él. Al menos utópicamente?.

Me gustaría que el público se emocionara con algunas de mis canciones, que se identificara al menos parcialmente con algunas de ellas, que tocaran alguna fibra de su intelecto o de su sensibilidad y que, por supuesto, respondieran a ello de alguna manera.  Me gustaría que al final de los conciertos compraran muchos discos para regalarlos por ahí., ja ja.


Hasta dónde lo necesitas para existir.

No para existir, sí para complementar el ciclo del que hablaba antes: reflexión, comunicación.


¿Qué esperas de ti como compositor?

Espero poder ir liberándome de ataduras formales y emocionales, poder soltarme más para componer cosas mejores, cosas que me ayuden a explicarme el mundo y mi vida personal, cosas que le digan algo a los demás.  Tengo 50 años pero creo que aún tengo potencial, ja ja ja.


¿Necesitas la música para ser quien eres?

Definitivamente sí.


¿Qué parte de ti es lo que es gracias al mundo de la música?

Creo que soy lo que soy por causa y efecto de la música.  No es lo único que me define, por supuesto, pero es esencial.


¿Qué preguntas te haces como compositor y cuáles te hacen sufrir cuando estás cantando y tocando?

La principal ya la dije antes: ¿Valdrá la pena esto que hago?  Otra que me ¨hace sufrir¨ pero que al mismo tiempo es un reto es: ¿cómo le hago para decir eso de un modo distinto al que ha sido dicho?


¿Qué podrías sacrificar? Dejar de componer, dejar de escribir letras o dejar de tocar o dejar de cantar.

Podría dejar de escribir letras y quizás podría dejar de cantar, pero no de componer.

 

Si la música fuera una parte del cuerpo de un animal, ¿cuál sería? ¿Por qué?

Respuesta obvia: la garganta, por ahí se expresa lo que se es.  Pero a lo mejor también los ojos:  una mirada puede decir muchas cosas.


¿Si fuera una ciudad?

Un parque

 

¿Si fuera un elemento químico?

Litio (¿no es la falta de eso lo que provoca depresiones?)

¿Si fuera uno de los cuatro elementos?

Aire

 

Y si fuera tu guitarra una pieza de vajilla, ¿cuál sería?

Una licuadora (¿eso es una pieza de vajilla? creo que no).


Si tú fueras una canción, ¿cómo te llamarías?

Confusión.


Si fueras un instrumento, ¿cuál?

Obvio otra vez: una guitarra.  Aunque tal vez un piano Steinway de cola completa.


Si la música fuera una palabra, ¿cuál sería?

Complejidad


Háblame de cómo  es que llegaron tú y Ricardo Zohn a concretar este proyecto (se refiere a “Silueta como Sirena)

La idea fue de Ricardo.  Había escuchado mis canciones y se le ocurrió hacer algo inspirandose en ellas.  Me lo contó, me propuso que participara en el estreno y todo ello lo considero un gran honor, sobre todo porque viene de un compositor a quien respeto y admiro y de una persona a la que quiero.


¿Qué significa para ti el diálogo entre dos músicos tan distintos?

Una experiencia emocionante, inédita para mi y espero que muy divertida.


¿Sí son tan distintos o hay algo que los une dentro de su proyecto individual?

Obviamente somos distintos, tenemos rumbos diferentes pero nos une el amor por la música y creo que también la creencia de que todavía se pueden componer cosas de calidad, aun sin pretender descubrir el hilo negro. 


¿Si Ricardo Zohn fuera una palabra, cuál sería?

Generosidad


¿Si su música fuera una canción cómo se llamaría?

“Cuatro Elementos”

¨Cuatro Elementos¨.

 

 

Esta es una entrevista aparecida en la revista Proceso y fue realizada por el periodista Hermenegildo Olguín

1. ¿Cuándo iniciaste tu labor en la radio de Guadalajara?

En 1979 entré como locutor a la XEJB.  Más adelante, en 1980, empecé a conducir el programa Preludio en la misma emisora..


2. ¿Cómo se te ocurrió realizar aquella revista cultural radiofónica en XEJB, alrededor de 1981? ¿Había antecedentes en Guadalajara de un programa similar?

En realidad no fue ocurrencia mía sino de un equipo que trabajaba en la estación, dirigida entonces por Enrique García Cuellar.  Estaban también ahí Gerardo Ascencio, Xavier Garabito y Avelino Sordo Vilchis.  La idea era hacer un programa diario en vivo, cosa que no existía en la radio cultural de entonces.  A mi me invitaron a conducir junto con garabito, quien más adelante fue sustituido por Gerardo Ascencio.


3. ¿Quiénes eran tus colaboradores directos en aquel programa?

Colaboraban cotidianamente Xavier Gómez Corona, arquitecto ya fallecido; Cornelio García; la asociación Cine y Crítica; un empresario italiano ya fallecido también que se llamaba Máximo Constanzo; Manuel Torres, cantante; los músicos Eduardo Arámbula y Guillermo Dávalos.  Esos son los que recuerdo.


4. ¿Cómo estaba estructurada esa revista cultural?

Era una estructura muy sencilla pero que para ese tiempo fue novedosa por el carácter “en vivo” del programa.  La idea original era poner piezas breves de música clásica, informar sobre las actividades culturales que se desarrollaban en la ciudad, hacer entrevistas con artistas y presentar comentarios sobre diferentes temas a cargo de los colaboradores.


5. ¿Qué balance haces de esa incursión radiofónica?

El balance para mi es positivo.  Creo que el programa fue influencia y punto de partida para otros que surgieron después.  Se le quitó un poco la solemnidad a las emisiones culturales y a mi me dio experiencia y seguridad ante el micrófono.


6. Después de que renunciaste a la XEJB, ¿a qué te dedicaste? ¿Hasta cuándo volviste a la radio?

Renuncié en 1983 por problemas con un director  que acababa de entrar.  Me quedé desempleado un buen rato, casi 5 años.  Durante ese tiempo me dediqué más a la música con un grupo que tenía entonces con mi entonces esposa Jaramar Soto y con mi hermano Carlos Sánchez, llamado Escalón.  Regresé a la radio en 1988 cuando entré como productor comercial a Sistema Radio Juventud.

 

7. ¿Cómo empezó Señales de humo?            

El antecedente fue un programa que hice en 1993 en Radio Universidad llamado Entrada Libre donde trabajé con un equipo en el que estaba Bernardo Esquinca como productor, Gerardo Lammers como reportero y Lolita Estrada como responsable de la agenda.  Teníamos como colaboradores a gente como Juan Villoro, Emilio García Riera, Juan José Doñán y otros más.  Me invitaron a hacer otro programa cultural en 2002 para suplir a La Cuenta de los Guías,  el programa que conducía David Guerrero.  Diseñé Señales de Humo junto con la productora Cecilia Fernández y Antonio Venzor.  La idea ha sido siempre hacer una revista cultural muy dinámica donde tratemos de reflejar lo que sucede en la cultura de Guadalajara.

 

8. ¿Qué balance haces de los cinco años de vida de esta nueva revista cultural?

Mi balance es positivo porque creo que nos hemos ido consolidando como una referencia en la cultura local.  Damos voz a artistas, funcionarios, promotores independientes, hacemos crítica a través de nuestros colaboradores, informamos sobre las actividades de la ciudad, hacemos la cobertura de esas actividades con nuestro pequeño grupo de reporteros y creo que hemos encontrado una fórmula que funciona, sin demasiado rollo.  Claro que hay cosas que mejorar: queremos enriquecer el grupo de colaboradores, entrarle más a temas de política cultural, incluir nuevas secciones.


9. ¿Qué opinas de la radio cultural en Guadalajara? ¿Y de la radio comercial se puede rescatar algo? ¿Hay opciones de radio por internet que nazcan desde Guadalajara?

Para ser sincero no estoy muy al tanto de lo que hacen otras estaciones.  A la radio comercial no le interesa mucho la cultura y sigue regida por criterios comerciales marcados por los intereses de las disqueras y del mundo del espectáculo.  Hay opciones noticiosas que  rescataría (como el noticiero de Carmen Aristegui, por ejemplo, cuando no lo cortan con la sección local).  Me parece que deberíamos tener más opciones culturales.  La radio por Internet es interesante pero aún limitada por aspectos técnicos,


10. Tu experiencia ha pasado al aire mientras ha habido dos tipos de gobiernos: los del PRI y los del PAN, ¿qué diferencias encuentras en la política cultural de los diferentes gobiernos en el último cuarto de siglo? ¿Cuáles son los contrastes? ¿Cuáles las coincidencias?

Siempre nos hemos quejado de lo errático de las políticas culturales, pero la verdad es que los gobiernos panistas dicen quítate que ahí te voy….han sido una gran decepción en materia de cultura:  presupuestos a la baja, aumento de burocracia, escasas propuestas integrales, poca inversión,  secretarios discutibles que son, sin embargo, sostenidos por seis años.  Mirando hacia atrás, parece mentira pero hasta añoramos a los gobiernos priístas con todo y sus defectos.


11. ¿La Iniciativa Privada en Guadalajara qué tanto apoya a la cultura de la ciudad? De Conciertos Guadalajara al proyectado Museo Guggenheim ¿se puede rescatar algo por parte de la IP?

También es recurrente la queja del poco interés de la iniciativa privada en la cultura.   No veo grandes avances en los años recientes.


12. ¿Cuál es el balance que harías de la participación cultural de la iglesia católica en los últimos años?

What?  Creo que su única participación ha sido en relación a la exposición de Arte Sacro en el Cabañas.


13. La Universidad de Guadalajara ¿tiene una política cultural clara, coherente o hay más bien una revoltura de afanes dispersos y sesgados por el filo comercial que acusan muchos de los  proyectos de Raúl Padilla?

Se pueden decir muchas cosas en relación a la participación de la Universidad en el renglón, pero lo que me queda claro es que sin la UdeG el panorama cultural de Jalisco sería muchísimo más pobre.  Pueden existir aciertos, errores, incongruencias, cosas discutibles y favorables, pero sin la Universidad no existirían muchas de las cosas que hoy son emblemáticas del estado en materia cultural.  Lo cual, por supuesto, no significa que no podamos ser críticos.


14. Por ser la música uno de tus oficios, te preguntaría: ¿Cómo has visto el desarrollo de la música en Guadalajara en el último cuarto de siglo, de la clásica o de concierto, al rock, el blues –y todas las anexas—y la trova?

Es un tema muy extenso.  Han cambiado muchas cosas, hay más información, más medios para que la gente se prepare y hay muchos músicos capaces en todas las áreas.  Sin embargo me parece que las propuestas originales no abundan.  En la trova me parece que no ha habido una evolución suficiente, en la música clásica creo que hay deficiencias educativas graves y visiones un tanto anticuadas, en el jazz es donde veo un avance porque hay más medios de capacitación, han venido buenos artistas, hay jóvenes  interesados en el género.  Los problemas siguen siendo la escasez de foros y lo mal que se paga el trabajo musical en la ciudad.


15. Tu camino personal parece influido por diversos géneros ¿cómo valorarías tu paso por El Personal? ¿Y la dirección musical de Jaramar Soto? ¿Tu paso como solista?

Mi carrera musical ha sido, como dices, muy diversa.  Si algo la caracteriza es la búsqueda y la curiosidad y también el interés por componer.  En El Personal mi participación fue más bien como un instrumentista que hacía aportaciones en el terreno de los arreglos.  Como sabes fue un proyecto muy lúdico y divertido que por desgracia duró muy poco aunque su influencia se sigue percibiendo casi 20 años después.  Con Jaramar asumí la dirección musical durante 10 años y fue un trabajo muy intenso en varios aspectos: la composición, los arreglos, la producción de discos.  Ahora como solista estoy de nuevo en una búsqueda que aún no sé hacia dónde me va a llevar.  Tengo un disco de canciones y he estado trabajando en  la composición de música instrumental, todo muy ecléctico como ha sido siempre mi trabajo musical. Lo malo es que  mi trabajo radiofónico y periodístico no me deja suficiente tiempo para concentrarme más en la música, pero trato de robarle horas a los días.

 

Alfredo Sánchez, sueños lúcidos desde Guadalajara

Por Rafael Mejía
1 abril, 2013

La música es su hogar. No importa si es un reggae o una composición para cine, si es música antigua o una ópera rock; Alfredo Sánchez ha cimentado desde finales de los años setenta una sólida morada con el inaprensible canto de guitarras y laúdes, teclados y cromornos, teniendo como referencias a proyectos como Escalón, Ars Antiqua, El Personal, Jaramar o la obra Doctor Frankenstein. Esto, claro, sin descontar su trabajo como periodista o en Radio Universidad de Guadalajara. 

Y precisamente desde la Perla de Occidente, el tecladista y guitarrista habla y nos contagia la emoción por su segundo disco solista: Soñé que dormía, el cual verá la luz este mes.

Te has dedicado mucho a la radio, ¿qué sientes al volver a la música como el frontman de este proyecto?

“En realidad no me alejé, pues he combinado el trabajo en la música y la radio desde hace años. La diferencia es que ahora, después de participar en proyectos con otras personas, me lancé a hacer algo por mi cuenta. Me siento a gusto porque son mis canciones, yo las canto y son las cosas que quiero decir. En 2006 saqué un disco que irónicamente se llamó Primeros pasos, pero luego me involucré en los proyectos de otros amigos y dejé un poco de lado mi trabajo personal. Estoy en un segundo intento formal de exponer mis canciones”.

El concepto que teníamos de un disco ha cambiado. ¿Por qué insistir en él?

“Crecí con este rollo un tanto fetichista del disco, y disfrutaba muchísimo comprar un LP, ponerlo en la tornamesa y leer las letras y los créditos. Decidí hacer un poco lo mismo, además de que creo que sigue siendo una carta de presentación importante”.

“Este disco es absolutamente independiente y lo financié con mis ahorros; el tiraje será pequeño, pero lo hago porque creo en el trabajo de conjunto que hay detrás de un proyecto así. Escuchar canciones sueltas en internet te da una idea parcial, y me parece que cuando tienes una producción como ésta, con 15 composiciones, transmites mejor lo que quieres hacer”.

¿Utilizaron algún equipo o recurso especial en la grabación?

“Es un disco muy vintage, con instrumentos tradicionales de una banda de rock: bajo, batería, guitarras y un órgano Hammond. Hay detallitos de sintetizadores, muy sutiles, y todo está al servicio de la canción. Más bien, es un disco de rock al estilo antiguo, con muchos ingredientes de la música de los años sesenta y setenta, pero actualizada, y con un montón de amigos que se sumaron en buena onda”.

¿Cómo se dieron las cosas con los músicos invitados en Soñé que dormía?

“Fue padrísimo. Grabamos en Máquina Sónica, que es el estudio de Carlos Avilez (Cuca) y Armando Chong (ingeniero y músico), y fue una súper vibra. Carlos me dijo: “Yo quiero hacer ese disco, no me importa si tienes poca lana o nada”. Y así se sumaron todos los músicos, con camaradería y amistad.”

“Algunos de los participantes fueron Frankie Mares (batería), Alex Otaola (guitarra), Daniel Zlotnik (saxofón), Tom Kessler (guitarra), José Fors (voz), Arturo Ibarra (guitarra), Sara Valenzuela (voz), Ugo Rodríguez (voz), Carlos Avilez (bajo), Nacho González (batería) y mis hijos Luciano (batería) y Elena (voz). Por supuesto, también me acompañó mi banda: Trino González (batería), Erik Casten (guitarra), Juan Manuel Ayala (bajo), Abigaíl Vázquez (coros) y Omar Ramírez (teclados y productor)”.

¿Qué perseguías como compositor y como letrista?

“Fue curioso. Cuando Omar Ramírez y yo quedamos en trabajar juntos, le di un disco con unas 30 canciones para que las escuchara y escogiera las que quería producir. Casualmente, hizo una selección que incluyó algunas composiciones que escribí hace 20 años, o más, y otras muy recientes”.

“Todas reflejan algo intimista. Unas hablan del amor, otras de las dudas personales o de gente que ha estado en mi vida, como mi padre o un amigo que murió hace tiempo. La única letra que no es mía es de mi amigo Luis Vicente de Aguinaga”.

¿En qué otros proyectos andas?

“Terminé la música para una obra de teatro de Ricardo Delgadillo, y otra para Miguel Lugo. Además, preparamos la presentación de un libro del poeta Jorge Esquinca, que incluirá danza, música, literatura”.

Finalmente, si oyeras por primera vez tu disco sin saber quién es Alfredo Sánchez, ¿qué pensarías?

“Está difícil para mí, pero, si un hipotético lo escucha, me gustaría que dijera: “es un compositor honesto, que no busca el éxito fácil en el mercado; hace las cosas que tiene ganas de hacer, con los recursos que cuenta, y dice algo con lo que me puedo conectar en diferentes aspectos”.